El aura es un campo energético de múltiples capas que vibra con distintos colores según nuestro momento particular y entra en resonancia con los niveles emocionales, mentales y espirituales del ser. Podríamos decir que las múltiples capas son partes de estos tres niveles evidentes del aura. Por supuesto que el aura de cada persona es única. En algunos casos se extiende por metros y en otros está muy pegada al cuerpo.
En las personas de carácter fuerte, apasionadas, intensas, los colores que predominan son los rojos fuertes, anaranjados y púrpura, mientras que en las personas más tranquilas predominan los azules y rosados, o verdes y amarillo pálido. Esto es el predominio, los colores cambian con los estados de ánimo, situaciones de salud, etc. Cuando meditamos el aura se expande y puede adquirir un color dorado.
Las personas muy intuitivas reconocen estas vibraciones aún sin verlas y captan de inmediato el estado de ánimo de otros. Hay quienes las pueden ver y saben leer toda la historia emocional en el aura. De hecho es una autobiografía; hasta el más mínimo detalle está registrado allí.
Nuestro cuerpo emocional y nuestro cuerpo mental ocupan el mismo lugar que el físico y también lo exceden. Experimentamos sentimientos y emociones en distintas partes del cuerpo pero nuestra vivencia traspasa lo físico.
Si somos intuitivos y empáticos, parte de la materia emocional de otras personas llegará a nosotros inmediatamente y percibiremos su realidad emocional. Este es el caso de las personas con el aura emocional pegada al cuerpo físico.
Si no somos de esta clase de personas, debemos confiar en nuestra percepción intelectual, guiarnos por lo que recordamos sobre ese sentimiento por haberlo experimentado, para saber como está el otro. Este caso es donde el aura mental está pegada al cuerpo.
Cuando una mujer está embarazada, el bebé comparte sus sentimientos: la sangre le transmite la acidez del miedo, la dulzura de la dicha. El bebé está consciente y alerta de lo que sucede alrededor. Algunos no logran mantenerse al margen de los sentimientos más fuertes de la madre, otros, saben aislarse con rapidez. Estos patrones no desaparecen nunca. Los bebés que se ajusten al primer patrón tendrán su aura emocional más cerca del cuerpo físico toda su vida y los que se ajusten al segundo patrón, tendrán más cerca su aura mental o intelectual.
Por fuera de ambas está la capa espiritual, donde habita el ser propio eterno, el yo universal, el que me conecta con o es la propia divinidad.
En términos del aura, las capas emocionales y mentales serían el yo circunscripto, el alma individual y la capa espiritual el yo no circunscripto o alma universal.
Las tres capas se interpenetran e interactúan: algunos establecen contacto con la divinidad mejor a través del intelecto,necesitan expresar con símbolos, palabras o rituales su interacción con la divinidad, y otras a través de las emociones, con sentimientos, pensamientos e intenciones. En realidad todos lo hacemos a través de ambas siempre, pero hay un predominio, determinado desde el momento de la concepción, en el vientre materno.
El cambio de pautas que modifican el sistema de creencias, no cambia el orden de las capas; cambian su vibración y por ende la extensión y los colores predominantes. Si paso de la hiperactividad a un estado más relajado, los colores del aura se adaptan a esta situación en particular.
Mientras el aura se conserve fuerte, sin fisuras, estaremos protegidos. En casos de traumas, enfermedades o experiencias desagradables, el campo áurico puede quebrarse y debilitarse y lo mismo sucede cuando nos vemos expuestos a violencia psíquica o a stress geopático, como la radiación electromagnética.
¿Cómo podemos protegernos protegiendo nuestra aura? Con terapias florales, con gemas consideradas protectoras, con pensamientos y acciones positivas y modificando las pautas errónes y sistemas de creencias tomando lo más elevado de cada experiencia.
Todo aquello contra lo que luchas se fortalece,
y aquello contra lo cual te resistes, persiste