Una vez que manejamos los sutras, que le vamos encontrando cada vez más sentido a su significado y que vamos semana tras semana trabajando un principio por día, nos encontramos que hay sutras con los que nos identificamos menos.
Para reforzar e internalizar mejor su significado, incorporo los ejercicios para cada principio, del libro sincrodestino, que hemos estado analizando en parte todo este tiempo.
De la misma manera que dije varias veces que los sutras eran milagrosos, les digo que estos ejercicios también lo son, hechos a conciencia y en el momento adecuado.
En distintos momentos fui haciéndolos todos. Algunos me han servido más que otros, lo cual ha dependido en realidad de en qué momento me encontraba y qué emociones predominaban en mí.
Si miramos los nombres de cada ejercicio, veremos cuál necesitamos hacer en determinado momento.
Que los disfrutemos, yo me apunto a hacerlos de nuevo, aunque a algunos los he incorporado a mi vida y los practico siempre.
PRIMER PRINCIPIO
Ejercicio 1: el testigo silenciosoVe a un lugar tranquilo donde no seas molestado. Pon tu música relajante favorita.
Cierra los ojos. Una vez que lo hagas, dirige tu atención hacia quien está escuchando en realidad.
Empieza a percibir dos facetas distintas de ti mismo. Tus oídos reciben el sonido y tu cerebro procesa las notas, pero eso es sólo el aspecto mecánico. ¿Quién conecta las notas de manera que formen música? Mientras estás pensando en el proceso de escuchar, ¿quién escucha efectivamente?
Percibe al testigo silencioso, el escucha silencioso que siempre está presente. Esta presencia no sólo está en ti, sino en el espacio que te rodea. Es esa parte de ti que está más allá de los pensamientos y sentimientos del momento, la parte que nunca se cansa y nunca duerme. Tampoco puede ser destruida. Reconoce que este testigo silencioso siempre está ahí. Es esa parte de ti que puedes atisbar cuando el parloteo de tus pensamientos es silenciado a través de la meditación.
¿Puedes sentir esta corriente más profunda de conciencia en tu interior?
La conciencia de este testigo silencioso marca el inicio de la conciencia del campo de inteligencia consciente, la fuente de todas las sincronicidades de nuestra vida.
Ejercicio 2: ¿Por qué estás aquí?Para este ejercicio necesitarás papel, lápiz y diez minutos sin interrupciones.
Pregúntate por qué estás aquí. Escribe lo primero que se te ocurra. Esta pregunta está abierta a muchas interpretaciones, por lo que debes anotar cualquier pensamiento que desencadene. No te preocupes por cómo escribes; ni siquiera tienen que ser oraciones completas.
Ahora plantéate la pregunta otra vez: ¿Por qué estás aquí? Escribe una nueva respuesta. Haz esto veinte veces. Sigue buscando formas nuevas de interpretar la pregunta, de modo que cada réplica sea única y responda a un aspecto distinto de la pregunta.
Ahora revisa tus respuestas. ¿Qué te dicen? ¿Puedes discernir algún patrón o progresión?
¿Qué te dice esto sobre cómo ves la vida?
Puedes considerar tu vida como una serie de acontecimientos externos e internos, pero también puedes aprender a ver un vínculo entre esos acontecimientos, entre sí y entre ellos y algo más espiritual. Cuando lo hagas, empezarás a ver tu vida como una oportunidad para compartir el
don especial que sólo tú puedes aportar al mundo. Ésta es una respuesta a la pregunta de por qué estás aquí. Esta clase de claridad de propósito te ayudará a dirigir tus intenciones.
SEGUNDO PRINCIPIO
Ejercicio 3: Aceptar la dualidadPara este ejercicio, necesitas una hoja de papel y un lápiz.
Piensa en una persona que te resulte muy atractiva. En el lado izquierdo del papel haz una lista de diez o más características positivas de esa persona. Anota todo lo que se te ocurra. Escribe rápidamente. El secreto está en no darle tiempo a tu mente consciente para que edite tus pensamientos. ¿Por qué te gusta esta persona? ¿Porqué la encuentras atractiva? ¿Qué admiras en ella? ¿Es una persona amable, afectuosa, flexible, independiente? ¿Admiras que maneje un auto hermoso, que luzca un peinado favorecedor, que viva en una casa bonita? Sólo tú vas a ver esta lista; sé completamente honesto. Si te atoras antes de llegar a diez características, di en voz alta: «Me gusta esta persona porque.».» y llena el espacio en blanco. Puedes escribir tantas como quieras, pero no te
detengas antes de llegar a diez.
Ahora trae a tu conciencia a alguien que te resulte repulsivo, alguien que moleste, te irrite, te exaspere o te incomode en alguna forma. Empieza a definir las características específicas que te parecen poco atractivas. En el lado derecho del papel, elabora una lista de diez o más de estos rasgos indeseables. ¿Por qué te molesta esa persona? ¿Por qué te molesta o enfurece? Escribe tantas características como quieras, pero no te detengas antes de diez.
Cuando hayas terminado ambas listas, piensa de nuevo en la persona que te parece atractiva e identifica al menos tres características poco atractivas de ella. No rechaces esta idea; nadie es perfecto (mientras más puedas aprender a aceptar esto en los demás, más dispuesto estarás a hacerlo en ti). Luego piensa en la persona que te parece poco atractiva e identifica tres rasgos que sean relativamente interesantes.
Ahora debes tener, al menos, 26 características escritas en el papel. Léelas todas y encierra en un círculo las que puedas reconocer en ti. Por ejemplo, si escribiste «compasivo» para la persona atractiva, pregúntate si alguna vez has actuado con compasión. Si es así, encierra esa palabra. No lo pienses demasiado; responde con lo primero que se te ocurra. Haz esto con todas las palabras de la lista; encierra las que describan un rasgo que puedas identificar en tu propia naturaleza.
Lee la lista otra vez. Entre las palabras que no encerraste, encuentra las que definitivamente no te puedes aplicar, las que no te describen en absoluto. Señálalas con una palomita.
Por último, entre las palabras encerradas en un círculo, identifica las tres que mejor te describan. Da vuelta a la hoja y escribe esas tres palabras. Luego vuelve a las palabras palomeadas e identifica las tres que menos te describan, las que por ninguna circunstancia se te pueden aplicar.
Escribe estas tres palabras atrás de la hoja, debajo de las tres que mejor te describen. Lee esas seis palabras: las tres que mejor te describen y las tres que menos se te aplican. Tú tienes todos estos rasgos y características. Las características que niegas con mayor energía también son parte de ti, y
probablemente son las que provocan más turbulencias en tu vida. Atraes a las personas que tienen estas seis características, las más positivas porque tal vez sientas que no las mereces, y las más negativas porque te rehúsas a reconocer su presencia en tu vida.
Una vez que puedas verte en los demás, será mucho más fácil establecer contacto con ellos y, a través de esa conexión, descubrir la conciencia de la unidad. La puerta que lleva al sincrodestirto estará abierta. Éste es el poder del espejo de las relaciones.
Ejercicio 4: NamasteLa palabra sánscrita «Namaste» (que se pronuncia namastéi) significa «el espíritu que está en mí honra al espíritu que está en ti». Cuando establezcas contacto visual por primera vez con otra persona, di para ti: «Namaste». Ésta es una forma de reconocer que el ser que está ahí, es el mismo
que está aquí.
Cuando lo haces, la otra persona reconoce en un nivel profundo todo lo que tiene que ver contigo: tu lenguaje corporal, tu expresión, tus palabras, tu timbre de voz. Aunque este saludo se hace en silencio, la otra persona percibirá consciente o inconscientemente el respeto implícito en él.
Practica este ejercicio unos días y verifica si puedes notar alguna diferencia en tus interacciones con los demás.
TERCER PRINCIPIO
Ejercicio 5: El fuego de tus ojosEl fuego de tu alma se reflejará en tus ojos. Siempre que te mires en un espejo, aunque sea por uno o dos segundos, haz contacto visual con tu imagen y repite en silencio los tres principios que constituyen el fundamento de la autonomía personal.
En primer lugar, di: Soy totalmente independiente de las opiniones buenas o malas de los demás. En segundo lugar: No estoy por debajo de nadie. En tercer lugar: Soy valeroso ante cualquier desafío. Mira tus ojos en el espejo y observa cómo se reflejan esas actitudes. Sólo en tus ojos, no en
tu expresión facial. Busca el brillo de tus ojos para recordar el fuego de tu alma.
CUARTO PRINCIPIO
Ejercicio 6: Cómo concentrar la intenciónLa mejor manera de concentrarnos en las intenciones consiste en escribirlas. Aunque éste puede parecer un primer paso obvio, muchas personas lo ignoran. Como resultado, sus intenciones frecuentemente carecen de concentración y por ello no se cumplen.
Ve a un lugar tranquilo donde no seas molestado. Escribe lo que quieres en todos los distintos niveles del deseo. Incluye deseos materiales, de relaciones, de autoestima, de gratificación del ego, espirituales. Sé lo más concreto que puedas.
Pregúntate qué quieres en el nivel material en cuanto a abundancia y afluencia. ¿Quieres tener una casa propia de cuatro recámaras? Escribe eso. ¿Quieres tener la capacidad de mandar a tus hijos a la universidad? Escribe eso. Piensa también en tus deseos de gratificación sensual: oído, tacto, vista, gusto, olfato y sensualidad, cualquier cosa que complazca tus sentidos. Pregúntate qué quieres en el ámbito de las relaciones. Escribe tus deseos para todas ellas: compañeros sentimentales, hijos, padres, amigos y relaciones profesionales.
Escribe qué quieres en cuánto a logros o reconocimiento personal. Identifica qué quieres en un nivel más universal. ¿Cómo puedes ayudar? ¿Qué quieres hacer con tu vida desde el punto de vista de tu sociedad, tu país, tu civilización? ¿Con qué quieres contribuir? Escribe lo que quieres en cuanto a descubrir tu sentido más elevado del yo. ¿Quién quieres ser? ¿Qué espiritualidad quieres incorporar a tu vida. Escribe todo lo que desees en una hoja de papel. Agrega o elimina deseos de tu lista conforme vayan cambiando o se cumplan.
Medita sobre cómo sería la vida si todos estos deseos se cumplieran. Ve si puedes generar visiones interiores de satisfacción genuina, en los niveles material y espiritual. No te preocupes por tener estas visiones en algún orden en particular, ni porque sean realistas o no. Sólo aprécialas, siéntelas con los cinco sentidos. El objetivo es lograr una atención congruente en estos niveles de aspiración. Cuando hay esa clase de congruencia, el diálogo interno es muy poderoso y claro; te ayudará a alcanzar la conciencia de unidad.
Las intenciones no necesitan atención constante, pero sí necesitan mantenerse concentradas.
Éste es un hábito que puedes desarrollar con el tiempo. Mira tu lista una o dos veces al día. Léela inmediatamente antes de meditar. Cuando entras en meditación silencias al yo. El ego desaparece. Como resultado, te desvinculas de los resultados, no te involucras en los detalles y permites que el poder infinito de organización de la inteligencia profunda organice y cumpla por ti todos los detalles de tus intenciones. La clave consiste en retirarse del nivel del ego, del nivel del yo y de la autoestima, permitir que la inteligencia no circunscrita organice el cumplimiento de tus deseos, a través de la
sincronicidad.
Al principio puedes ser todo lo egoísta que quieras. Incluso, tus intenciones pueden centrarse en el «yo» y en los pequeños detalles de lo que quieres que ocurra en tu vida. Sin embargo, con el tiempo descubrirás que el objetivo es lograr la satisfacción en todos los niveles, no sólo en el del ego o personal. Conforme empieces a ver el cumplimiento de tus intenciones, tus intereses egoístas disminuirán porque sabrás que puedes tenerlo todo. Cuando tienes suficiente comida no te obsesionas con comer todo el tiempo. Con las intenciones pasa lo mismo. Cuando sabes que su cumplimiento es posible, piensas menos en tus necesidades personales y más en las del resto del mundo. Éste es un proceso que pasa por varias etapas. Sé paciente, pero observa cómo empiezan a ocurrir milagros.
Ejercicio 7: El sutra del corazónÉste es un ejercicio de meditación que demuestra el poder de la intención, pero es más que una mera demostración. Practica este ritual regularmente para concentrar tu atención y tu intención.
Ve a un lugar donde no seas molestado durante quince minutos. Cierra los ojos y practica el mantra del sonido primordial «so-hum» durante cinco minutos para ubicar tu conciencia en tu respiración.
Después de cinco minutos, ubica tu conciencia mental en el área de tu corazón, en medio de tu pecho. Con tu atención en el corazón puedes empezar a sentir que éste empieza a latir con más fuerza. Esto es normal. Conforme sientas los latidos, empieza a percibir gratitud. Para sentirla, piensa en todas las cosas, sucesos y relaciones de tu vida por las que tienes alguna razón de estar agradecido. Permite que esas imágenes salgan a la superficie en tu conciencia, mientras mantienes tu atención en el corazón. Tómate un momento para pensar en todas las personas que amas, y en todas las que comparten su amor contigo.
Entonces di: «Cada decisión que tomo es una opción entre una aflicción y un milagro. Elijo los milagros y dejo atrás las aflicciones». Ciertas aflicciones y resentimientos, y las personas relacionadas con ellos, pueden saltar a tu conciencia. Si lo hacen, sólo di: «Dejo atrás las aflicciones.
Elijo los milagros». Entonces toma conciencia de tu corazón otra vez y empieza a inhalar con la intención de llenarlo de aire. Mientras lo haces, di: «Amor, conciencia, dicha, amor», y luego exhala a la misma cuenta de cuatro. Entre cada inhalación y exhalación, realiza una pausa de varios segundos. Practica esto durante tres o cuatro minutos.
Por medio de la meditación sutra del corazón, el fuego de tu alma, que es amor, conciencia y dicha, empezará a difundirse a través del corazón. Aquí es donde se unen los principios tercero y cuarto del sincrodestino: ahora, el fuego de tu alma empieza a crear tu intención.
Después de decir varias veces: «Dejo atrás las aflicciones y elijo los milagros», empieza a repetir mentalmente la frase: «Ustedes se cumplirán». Esto prepara a tu mente para recibir la intención de la inteligencia no circunscrita y para comprender que ésa es, simultáneamente, tu intención.
Después de un minuto aproximado, deja ir todos los pensamientos y dirige toda la atención hacia tu corazón. Percibe sus latidos, ya sea como sonido o como sensación. Siente cómo palpita.
Una vez que puedas sentirlo, transfiere tu atención a tus manos y siente en ellas el latido del corazón.
Propón la intención de incrementar el flujo sanguíneo a tus manos. Sólo ten la intención. Conforme el flujo se incremente, percibirás la aceleración de tu pulso, calor, cosquilieos o alguna otra sensación.
Propón la intención de incrementar la temperatura de manera que tus manos se calienten, más y más. Siente el calor de tus manos mientras la intención aumenta por sí sola el flujo sanguíneo.
Cuando tus manos se hayan calentado, dirige tu atención hacia la cara, hacia la parte que rodea los ojos, y ten la misma intención. Incrementa el flujo sanguíneo a tu cara de manera que empiece a sonrojarse y calentarse. Sólo ten la intención. Tal vez sientas palpitaciones o cosquilleos alrededor de los ojos, conforme el flujo sanguíneo aumente y tu cara se caliente.
Al final, dirige tu atención otra vez al corazón. Imagina que hay un puntito de luz que pulsa en él y que está en sincronía con sus latidos. Este punto de luz es la luz de tu alma y late con las tres cualidades del alma: amor, conciencia y dicha o sat chit ananda. Siente este punto de amor, conciencia y dicha mientras late. Está emitiendo una luz radiante al resto de tu cuerpo. Deja que el punto de luz se desvanezca lentamente de tu conciencia, y dirige ésta a todo tu cuerpo. Percibe las sensaciones. Ahora abre los ojos. La meditación ha concluido.
QUINTO PRINCIPIO
Ejercicio 8: Cómo manejar el dolorEste ejercicio requiere diez minutos de tranquilidad en un lugar donde no seas molestado. Comienza meditando unos momentos. Con los ojos cerrados, recuerda algún suceso o situación del pasado que te haya enojado mucho. Puede ser una discusión, una época en la que tus sentimientos fueron
lastimados o algún encuentro fortuito que te haya molestado. Una vez que te hayas ubicado en una situación de esta naturaleza, intenta recordar todos los detalles que puedas. Haz una película mental de lo que ocurrió exactamente.
El primer paso para manejar el dolor de esta situación es identificar con precisión qué estás sintiendo. ¿Qué palabra describe mejor lo que sientes con respecto a este acontecimiento o situación? Busca una palabra que englobe tantos de esos sentimientos como sea posible, tu mejor descripción. Ahora, concéntrate en esa palabra durante unos segundos.
Deja que tu atención se desplace gradualmente de esa palabra a tu cuerpo. ¿Qué sensaciones físicas sientes como resultado de revivir esa emoción? Todas las emociones tienen aspectos mentales y físicos inseparables. Los sentimientos ocurren en la mente y en el cuerpo al mismo tiempo. Percibe las sensaciones que ha originado este suceso en el que estás pensando. ¿Se crisparon automáticamente tus manos? ¿Sientes opresión en el estómago? ¿Te duele? Percibe la
experiencia física de la emoción y ubícala en un punto específico de tu cuerpo.
El siguiente paso consiste en expresar el sentimiento. Coloca tu mano en la parte del cuerpo donde sientes que está ubicado y di en voz alta: «Aquí duele». Si el dolor tiene más de un emplazamiento, toca cada parte y repite la frase «aquí duele».
En nuestro interior tenemos el poder para hacer que desaparezca el dolor de cualquier pena.
Nuestras reacciones a los acontecimientos externos se localizan en el cuerpo. Creamos emociones que generan dolor físico. Cuando comprendemos este simple hecho podemos aprender a cambiar nuestra forma de responder a los sucesos externos. Podemos elegir nuestra reacción a los acontecimientos. Si reaccionamos con ira, hostilidad, depresión, ansiedad o alguna otra emoción intensa, nuestros cuerpos siguen esa dirección y generan la secreción de las hormonas, contracciones musculares y otras reacciones físicas afines que producen dolor. Por tanto, debemos tener siempre presente que estos efectos son nuestra responsabilidad porque tenemos la capacidad
de modificar nuestras reacciones y hacerlas menos dañinas. Somos capaces de liberarnos del drama y la turbulencia emocional. Medita unos momentos en el concepto de responsabilidad personal en las reacciones emocionales.
Una vez que ubicas y reconoces el dolor, y que has asumido la responsabilidad por su existencia, puedes liberarlo. Sitúa tu atención en la parte del cuerpo donde tienes el dolor. Procura liberar con cada exhalación esa tensión que estás manteniendo. Concéntrate durante medio minuto en liberar la tensión y el dolor con cada respiración. Déjalo ir. Exhálalo.
El siguiente paso es compartir el dolor. Imagina que puedes hablar con la persona involucrada en la situación que has recordado para este ejercicio. ¿Qué le dirías? Mientras lo piensas, recuerda que ella no fue la causa verdadera de tu dolor. Tú tuviste la reacción emocional que se manifestó en dolor físico. Tú has asumido la responsabilidad. Con esto en mente, ¿qué le dirías a esa persona? Lo que decidas decirle será exclusivo de ti y de tu situación. Cualquier cosa que digas para compartir el dolor que sentiste ayudará a eliminar para siempre esa experiencia de tu conciencia. Comparte lo que sentiste, lo que sientes ahora y la manera en que planeas manejar esos sentimientos a futuro.
Puedes practicar este ejercicio siempre que sientas turbulencia emocional en tu vida. Cuando lo hayas terminado, dedica un momento para celebrar que esta experiencia dolorosa te ha servido para trascender a un nivel más elevado de conciencia. Si lo practicas regularmente, con el tiempo serás capaz de liberarte por completo de la turbulencia y el dolor emocional, y despejarás el camino para experimentar la sincronicidad.
Ejercicio 9: Comunicación no violentaSiempre habrá situaciones y circunstancias en las que alguien cruce alguna frontera personal, y haga estallar respuestas emocionales intensas. Este ejercicio se basa en el excelente libro Nonviolent Communication, de Marshall Rosenberg.
La comunicación no violenta consta de cuatro pasos básicos, que incluyen cuatro preguntas que debemos formularnos siempre que estemos asumiendo una actitud defensiva. Cuando alguien te saca de quicio, resulta tentador responder con una provocación similar. Sin embargo, esta respuesta no es la óptima, no es productiva, malgasta energía personal valiosa y genera más turbulencia en el mundo. Para realizar este ejercicio, piensa en una situación reciente en la que algo te molestó o perturbó en alguna forma. Con esa experiencia en mente, contesta estas cuatro preguntas.
Paso 1: Distingue entre observación y evaluación Define qué pasó realmente en vez de concentrarte en tu interpretación de lo que pasó. Sé lo más
objetivo que puedas cuando describas el suceso. Pregúntate: ¿A qué estás respondiendo en realidad? ¿Qué ocurrió realmente? ¿Qué viste y escuchaste?
Por ejemplo, imagina que vas en tu auto pensando en qué necesitas para la cena de esta noche. Tu esposa nota tu silencio y te pregunta: «¿Por qué estás molesto?» Tú contestas: «No estoy molesto por nada, sólo pensabas en la cena». Tu esposa respondió a tu silencio con una evaluación, no con una observación. Siempre que le atribuyes un significado a una acción, estás haciendo una interpretación o evaluación. Trata de identificar en los siguientes pares de oraciones, cuál es la evaluación y cuál la observación.
a) Te vi coqueteando con esa mujer en la fiesta.
b) Te vi hablando con esa mujer por más de una hora en la fiesta.
a) Tu trabajo se ha vuelto más importante para ti que tu familia.
b) Te has ido al trabajo antes del amanecer y has regresado a casa después de las 10 de
la noche, todos los días durante las últimas tres semanas.
a) Ya no me amas.
b) Ya no me besas cuando llegas del trabajo.
En los tres pares de oraciones, la primera es la interpretación o evaluación.
Siempre que te sorprendas respondiendo con una reacción emocional, detente un momento y trata de discernir entre la interpretación y la observación objetiva del acontecimiento. Las observaciones son poderosas, porque nos permiten reconocer qué tanto de nuestra respuesta se basa en la interpretación. Esto nos permite modificar los patrones de respuesta a los actos de los demás.
Paso 2: Define tus sentimientos
Piensa en los sentimientos que surgieron como resultado de la situación. ¿Qué estás sintiendo?
Cuando describas tus sentimientos utiliza un lenguaje que refleje sólo aquéllos de los que eres responsable y evita palabras que te conviertan en víctima. Por ejemplo, puedes sentirte satisfecho, enojado, discrepante, ansioso, asustado, valeroso, confiado, dichoso, desconcertado, alegre, libre, eufórico, calmado, sorprendido, jubiloso, impaciente, esperanzado, jovial, optimista, orgulloso, radiante, relajado, sensible, avergonzado, aburrido, confundido, abatido, contrariado, descontento, soso, fatigado, culpable, hostil, furioso, celoso, flojo o solo.
Evita palabras que impliquen que otra persona «te haga sentir» de cierta manera. Por ejemplo, no puedes sentirte «atacado» por ti mismo; esa emoción no surge de ti sino de tu respuesta a las acciones de otro. Otras palabras que debes evitar son: abandonado, abusado, traicionado, estafado, coaccionado, menospreciado, manipulado, malinterpretado, explotado, rechazado, ignorado, desatendido. Cuando usas estas palabras para identificar tus sentimientos, es porque le estás dando a los demás demasiado poder sobre tus emociones. Si es así, tiendes a atraer personas que provocan estos sentimientos y quedas atrapado en un círculo vicioso. Es muy difícil ser feliz si no eres dueño de tus propias emociones.
Paso 3: Establece claramente tus necesidades
Pregúntate: ¿Qué necesito en esta situación? Si todas tus necesidades estuvieran satisfechas, no estarías experimentando sentimientos intensos. Identifica la necesidad lo más concretamente que puedas. Comienza con tu reacción visceral, y sigue la cadena de deseos hasta que encuentres algunos ejemplos específicos de cosas que puedas pedir. Por ejemplo: «Necesito sentirme amado». ¿Por qué? «Me siento solo y necesito sentirme menos solo». ¿Por qué? «No tengo amigos íntimos; necesito encontrar algunos y desarrollar relaciones». Esta línea de pensamientos te llevará finalmente a algo que puedas pedirle a otra persona. No puedes pedirle que te haga sentir amado —eso está más allá de la capacidad de cualquier persona—, pero sí que te acompañe al cine, a una fiesta o a tomar un café.
Paso 4: Pide, no exijas
Cuando hemos identificado una necesidad y estamos listos para formular una petición, en vez de pedir, con frecuencia exigimos. Es menos probable que se cumplan las exigencias porque las personas suelen responder mal a ellas. No obstante, a la mayoría le satisface cumplir una petición.
Por ejemplo, en vez de exigir: «Recoge la ropa en la tintorería», es más probable que obtengas una respuesta positiva si pides: «¿Podrías recoger la ropa en la tintorería, por favor?»
Además, como en el paso 3, lo más conveniente es pedir un comportamiento específico.
Mientras más específico seas, más probable será que obtengas respuesta. Por ejemplo, en vez de pedir: «Ámame por siempre», puedes reguntar: «¿Quieres casarte conmigo?» En vez de formular la pregunta general «¿podemos pasar más tiempo juntos?», puedes preguntar: «¿Podemos ir al parque
esta tarde?»
Estos pasos son útiles en todas las situaciones, pero especialmente en las conflictivas.
Siempre que participes en una situación tensa, permítete separarte de tus emociones del momento y elegir la comunicación consciente. ¿Qué observas? ¿Cómo te hace sentir eso? Determina tu necesidad. Formula una petición. Esto deberá evitar una situación potencialmente inestable y te ayudará a mantener —o a recuperar— la ecuanimidad.
Ejercicio 10: Cómo sanar la ira de la infanciaPara este ejercicio necesitarás aproximadamente diez minutos sin interrupciones.
Recuerda el día de ayer. Imagina que tu memoria es un videocasete que puedes rebobinar hasta cualquier momento que quieras. Regresa sólo 24 horas. ¿Qué hiciste durante el día? ¿Hubo algo que te asustara o te hiciera enojar? No tiene que ser nada especialmente importante o dramático; tal vez te sentiste impaciente mientras hacías cola o viste actuar a alguien grosera o desconsideradamente. Intenta recordar, por espacio aproximado de un minuto, los sucesos del día con el mayor detalle posible. Concéntrate en un momento de ira; toma conciencia de las sensaciones de tu cuerpo y de la emoción en tu mente.
Ahora regresa esa cinta de video aún más. Remóntate a un año atrás exactamente. Procura recordar qué estabas haciendo el año pasado, en esta fecha o en la más cercana que puedas. ¿En qué pensabas en esa época? ¿Recuerdas haber estado preocupado o enojado por algo? Intenta sentir en tu mente y en tu cuerpo las emociones de ese tiempo. ¿Son iguales a las que recordaste haber sentido ayer?
Rebobina la cinta más, hasta tu adolescencia. Concéntrate de nuevo en una situación que te haya enojado o asustado. Revive mental y físicamente los sentimientos. Observa cómo la ira que experimentaste ayer, está construida sobre las emociones de este tiempo lejano.
Ahora intenta recordar un incidente de tu niñez. ¿Cuál es la primera ocasión en que recuerdas haber estado realmente enojado? Trae esa experiencia a tu conciencia. ¿Dónde estabas cuando sucedió? ¿Quién más estaba ahí? ¿Quién o qué te molestó tanto? Percibe todas las sensaciones generadas por esa ira.
Observa cómo el miedo y la ira se han acumulado a lo largo de los años. Aunque no puedas recordarla, hubo una época en que no conocías la ira ni el miedo, una época de paz y tranquilidad total. Trata de imaginar cómo pudo haber sido esa experiencia de dicha absoluta. Concéntrate en un momento anterior al miedo o la ira. Rebobina esa cinta imaginaria de tu vida hasta que la pantalla quede en blanco, y siente cómo las fronteras que te separan de tu entorno se evaporan. Siente durante un minuto la pérdida total de toda la ira, el temor y el ego acumulados.
Con ese sentimiento de dicha total todavía en tu conciencia, empieza a adelantar esa cinta de video imaginaria. Visita los mismos puntos en los que te detuviste antes, esos momentos de ira o temor de tu niñez, de tu adolescencia, de hace un año, de ayer. Mientras visualizas esas escenas otra
vez, introduce en ellas la experiencia de dicha. En vez de permitir que los momentos de ira se acumulen, empieza a borrarlos uno por uno, desde tu primera infancia hasta ayer. Dedica un minuto, aproximado, a sentir cómo la ira y el miedo son borrados por este recuerdo de dicha. Y conforme estos sentimientos se borran, permite que la acumulación tóxica de años de ira y miedo desaparezcan de tu espíritu.
Puedes practicar este ejercicio en cualquier momento, para atacar desde la raíz el problema de la ira. Muchas personas lo encuentran especialmente útil en las noches, justo antes de dormir, para despertar con ese sentimiento de dicha y sin residuos de ira.
SEXTO PRINCIPIO
Ejercicio 11: Encontrar el cosmos interiorGraba esto para que puedas escucharlo mientras realizas el ejercicio. Siéntate o acuéstate cómodamente y con los ojos cerrados. Acalla tu diálogo interno concentrándote en tu respiración. Después de algunos minutos, pon tu atención en el corazón. Visualiza tu corazón como una esfera palpitante de luz. En esta esfera visualiza dos o tres seres divinos o energías arquetípicas.
Pueden ser ángeles, dioses o diosas. Ahora visualiza el resto de tu cuerpo también como un cuerpo de luz. Imagina lentamente que este cuerpo de luz y su esfera palpitante de seres divinos se expande hasta ocupar por completo la habitación en la que estás sentado o acostado. Permite que la expansión traspase los confines de la habitación, de manera que ya no estés en esta sino que ella esté en ti. Continúa el proceso de expansión de tu cuerpo de luz hasta que la ciudad entera en la que vives exista en tu cuerpo: edificios, gente, tráfico y campo. Sigue expandiendo tu sentido del yo hasta incluir en tu ser físico el estado en el que vives, tu país y finalmente el planeta entero. Observa cómo el mundo entero existe en ti: todas las personas, los demás seres sensitivos, árboles y bosques, ríos y montañas, lluvia y luz del sol, tierra y agua. Estos son distintos componentes de tu ser; son los distintos órganos de tu cuerpo. Ahora di en silencio: «No estoy en el mundo; el mundo está en mí». Si percibes algún desequilibrio en este mundo tuyo, pide a los seres divinos que siguen bailando en la
esfera palpitante de tu corazón que los corrijan. Pídeles que cumplan cualquier deseo que tengas y que den armonía, belleza, alivio y júbilo a las distintas partes de tu ser cósmico. Continúa expandiendo tu sentido del yo hasta incluir planetas y lunas, estrellas y galaxias. Ahora di en silencio: «No estoy en el Universo; el Universo está en mí». Empieza a disminuir lentamente el tamaño de tu ser cósmico hasta que puedas sentir otra vez tu cuerpo personal. Imagina que los trillones de células de tu cuerpo personal forman parte de una danza, que cada célula es un universo entero en sí misma. Recuerda que tu ser auténtico habita en todos estos niveles de la creación: del microcosmos al macrocosmos, del átomo al universo, de tu cuerpo personal a tu cuerpo cósmico. Recuerda que en cada uno de estos niveles de tu existencia están a tu alcance las energías divinas que organizan de manera no circunscrita la danza cósmica para crear la interacción armoniosa de los elementos y las fuerzas que pueden realizar cualquier deseo. Expresa tu agradecimiento a estas energías
arquetípicas. Ahora permanece sentado o acostado en silencio percibiendo todas las sensaciones de tu cuerpo. Tal vez tengas cosquilleos o te sientas eufórico. Después de dos o tres minutos abre los ojos. El ejercicio ha concluido.
SÉPTIMO PRINCIPIO
Ejercicio 12: Unir todos los cabosVe a un lugar donde haya mucha actividad; un centro comercial, por ejemplo. Compra algo de comer en el área de alimentos. Siéntate en una banca. Cierra los ojos. Con plena conciencia del sabor de la comida, huele su aroma y siente su textura. Mantén los ojos cerrados y presta atención a todos los sonidos del entorno. ¿Qué música oyes? ¿Villancicos navideños? ¿El tema de una película? ¿Puedes escuchar la conversación de las personas que están cerca de ti? ¿Puedes escuchar frases o palabras sueltas? ¿Hay algún sonido que te resulte atractivo o que llame tu atención más que los otros? Ahora ubica tu conciencia en tu cuerpo. Siente todo lo que te rodea. La rigidez o blandura de la banca o el sillón. ¿Es de madera, metal o tela? Ahora abre los ojos y observa la escena que te rodea: las personas que caminan, los colores, las tiendas, los artículos de las vitrinas, las galerías de arte.
Ahora cierra los ojos y vuelve a percibir en tu imaginación lo que experimentaste: sabores, olores, texturas, colores, los objetos que viste, los sonidos que escuchaste. Ahora, elige un artículo de cada una de las experiencias sensitivas, por ejemplo: helado de fresa, el olor del pan en el horno, villancicos navideños, el tema de la película «Goldfinger» de James Bonds, una hermosa pintura de una puesta de sol sobre unas colinas que descienden hasta el océano, un artista callejero pintando este cuadro. Imagina que tocas ks rocas escarpadas de la playa con tu mano. Ahora piensa que todos estos sonidos, olores, texturas y sabores son parte de una historia. Pregúntate: «¿Qué historia será ésta?» Pide a tu yo no circunscrito que te la revele. Ahora deja ir todo; confía en que tu yo no circunscrito te dará la respuesta, en la forma de una experiencia sincrónica.
El ejercicio anterior proviene de una experiencia que tuve en un centro comercial durante la época navideña. Un año después estaba en Jamaica y mientras daba un paseo por el campo, vi una escena muy similar a la de la pintura: un hermoso atardecer sobre una colina cerca del mar. Cuando pregunté, me dijeron que ese lugar se llamaba Strawberry Hill y que la película «Goldfinger» de James Bond se había filmado ahí. En Strawberry Hill había un hermoso hotel y decidí visitarlo. Había un lujoso gimnasio. El director de éste estaba encantado de conocerme y me dijo que me había estado buscando durante varias semanas porque quería orientación sobre las terapias ayurvédicas.
Terminamos hablando de una colaboración conjunta. Varios años después también conocí al dueño del hotel, un ejecutivo de una compañía de discos. Su esposa me había consultado a causa de una enfermedad y nos hicimos amigos íntimos. Él me dio valiosos consejos cuando produje mi primer CD
musical de meditaciones curativas. Muchos años después, nuestras amistades han seguido evolucionando y nos sentimos vinculados en el espíritu del amor. Sabemos que estamos conectados kármicamente.
Todo aquello contra lo que luchas se fortalece,
y aquello contra lo cual te resistes, persiste